1.03.2008

miedo

Se levantó con una angustia terrible oprimiéndole el pecho. La amenaza del ataque al corazón había regresado y otra vez la misma historia de terror.

Después de la ducha se metió en la cama y maldijo la hora en que dejó de tomarse su dosis diaria de alprazolam. Pensaba que en cualquier momento vendría el gran dolor y todo se iría a negro.

A veces sentía que el corazón le explotaría. Otras, en cambio, se asustaba por los débiles latidos y se desesperaba al pensar que de un momento a otro el músculo se olvidaba de latir. Margarita O. no sabía que hacer. A ratos lloraba de impotencia y rezaba pidiendo que el martirio se acabara. Pero nadie en el cielo escuchaba sus desesperados ruegos. Estaba más sola que nunca. Al menos eso creía ella.

Escondida entre sus sábanas, Margarita O. esperaba la muerte. Igual que otras veces, como en tantos momentos de su vida, el pánico la consume y hoy no tiene ni una maldita droga a mano para escaparse.

Margarita O. llora desconsolada. -¿Por qué no puedo ser normal?- se pregunta.